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1. Muchos lo rechazan

“Esta palabra es muy dura, ¿quién puede aceptarla?” Los oyentes de Jesus, después de escucharlo en el discurso del pan de vida, murmuran diciendo “qué dura es esta palabra”. ¿Por qué lo rechazan? Porque toman al pie de la letra comer su carne y beber su sangre, porque no creen que Él se está refiriendo a su persona como Hijo de Dios bajado del cielo para dar la vida al mundo. Porque creer en Jesús es aceptar todas sus palabras y todas sus enseñanzas sobre las virtudes y los valores del Reino de Dios hasta sus últimas consecuencias.

Es dura esta palabra porque aceptarla es seguir a Jesus en su pobreza, en su obediencia, en su pureza y en su generosidad; es dura esta palabra porque recibir la Eucaristía es recibir todo el compromiso de transformarse en eucaristía. Cuando uno se alimenta del pan asimila las características y los elementos que nutren el cuerpo; también al recibir a Jesús uno recibe esas vitaminas y nutrientes espirituales que deben ser asimilados en la vida y en la conducta de cada uno de los creyentes. Es dura esta palabra porque recibir la Eucaristía nos compromete a hacernos eucaristía, es decir, entregarnos generosamente al servicio de los demás y socorrerlos en sus necesidades: hacernos pan para los demás.

 

2. Tú, defínete

Frente al rechazo de sus seguidores, Jesús no se asusta ni se desanima, sólo pide que frente a Él se tome una opción radical, pide al hombre que lo admira que se defina, con Él o contra Él. Frente a Cristo no se puede quedar indiferente, tienes que definirte: crees o no crees, te quedas o te vas, conmigo o contra mí. Si no nos definimos por el bien, seremos arrastrados por el mal; no necesitamos decidirnos por el mal para acabar mal, pero sí necesitamos decidirnos por el bien para acabar bien. El ser humano es frágil e insuficiente para ser feliz, necesita decidirse por el bien y buscar ayuda para poder lograrlo, pero su soberbia no le permite reconocerlo ni buscar ayuda. A Jesucristo no le gustan las indefiniciones, las dudas, las medias tintas. Cristo es radical frente a quienes dudan en seguirle.

3. Tiempo de opciones radicales

El mundo en que vivimos nos envuelve fácilmente en la confusión y en la duda. El mundo en que vivimos nos favorece una vida cómoda y mediocre; el mundo en que vivimos propicia la doble cara, la incoherencia. Al mundo le gusta que vivamos de apariencias, que digamos que creemos pero que vivamos como si no creyéramos. Mucha gente se dice creyente pero no practicante, como si se pudiera creer una cosa y vivir otra, como si se pudiera seguir a Jesucristo pero en realidad estar siguiendo las apetencias del mundo y de nuestras pasiones desordenadas. Hoy más que nunca es tiempo de decidirnos radicalmente: seguirlo o dejarlo, con Él o contra Él. No le podemos poner una vela a Dios y otra vela al diablo. Cristo nos vuelve a preguntar, ¿tú también te quieres ir? Tú también tienes que decidirte y definirte radicalmente, te quedas o lo dejas, te quedas con él o te marchas, pero no puedes seguir engañándote. Ojalá que, como san Pedro, le digas, “¿a quién iremos, Señor, si tú tienes palabras de vida eterna?”.

Tomado del CEM, Conferencia del Episcopado Mexicano

http://www.cem.org.mx/index.php/component/k2/item/2073-%E2%80%9Cdef%C3%ADnete-o-te-quedas-o-te-vas%E2%80%9D#startOfPageId2073